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Rio Negro

Caso Sofía: "Si se hacía pis, la dejaba toda la noche sin dormir en la ducha"

Abusos sexuales reiterados, quemaduras de cigarrillo, duchas de agua helada, cortes en las plantas de los pies y hasta una oreja desprendida. Estas fueron algunas de las torturas sufridas por Sofía Neira, una nena de sólo tres años de edad, que en cuestión de cuatro meses le costaron la vida en febrero de 2019. Los causantes del infierno: su mamá, una mujer identificada como Janet Neira (28), condenada a 24 años de prisión luego de admitir su culpabilidad y Marcos Nicolás González, el padrastro de la víctima, quien el miércoles recibió la pena de 31 años y seis meses de cárcel por el brutal crimen y que a diferencia de su pareja, sostiene que es inocente.
La sentencia contra el hombre fue emitida a través de videoconferencia por el tribunal de juicio de Río Negro, integrado por los jueces Laura Pérez, Oscar Gatti y Verónica Rodríguez. Según se desprende del fallo, dado a conocer por el Poder Judicial de la provincia, el padrastro de la nena de tres años ejerció “variados mecanismos de producción de las lesiones que presentaba la niña” y en ese sentido destacó “la distribución de esas lesiones prácticamente en todo su cuerpo y los actos vejatorios y humillantes que rodeaban a aquellos golpes”.
Sin embargo, la explicación judicial del brutal sometimiento ejercido por la pareja, y en especial por González, se queda corta.
Sofía fue víctima durante los meses que convivió con su padrastro de una serie de torturas, violencias y vejámenes pocas veces visto en casos de maltrato infantil en la historia penal argentina. En diálogo con Infobae, la fiscal del caso, Belén Calarco, se mostró conforme con la sentencia, aunque ella había pedido que el hombre fuera condenado a 39 años. “Creemos que el fallo está bien fundado, pese a algunas pequeñas diferencias, pero en líneas generales consideramos que está bien y mantuvo muchos de los fundamentos que expresó la Fiscalía durante el juicio de cesura”, dijo la funcionaria.

La imputación contra González es extensa, pero describe, al menos legalmente, la brutalidad del hombre en detrimento de la hija de su pareja. Vale la pena citarla completa: el hombre deberá pasar los próximos 31 años encerrado por los delitos de lesiones leves calificadas por violencia de género, reiteradas en un número indeterminado de veces; abuso sexual gravemente ultrajante, reiterado, doblemente calificado por el vínculo y por la convivencia preexistente; corrupción de menores agravada por la edad de la víctima y por ser el autor persona conviviente y guardador; desobediencia a una orden judicial y abandono de persona seguida de muerte.
Lo único que atenuó la pena -dice el fallo- es que el acusado no tenía antecedentes.
Los jueces también consideraron “como dato insoslayable”, la edad de la víctima, a quien consideraron, "totalmente vulnerable y dependiente”. Además, destacaron el rol de poder que jugó el padrastro desde el momento en que llegó al hogar de Sofía. Para los jueces, el hombre se aprovechó del "marco de confianza generado hacia la madre para ejercer claro poder sobre los niños”, y generar un “total aislamiento del grupo familiar, evitando cualquier posibilidad de pedir auxilio y amedrentando a las personas que intentaron defender a la niña en las semanas previas a su muerte”.
Por eso consideró como agravante que la agresividad fue “sistemática” durante los meses de convivencia con la niña, y resaltó la “escalada de violencia” y el “sufrimiento sostenido” que produjo. “La vida -de la víctima- fue razonablemente normal hasta la aparición en su vida de González (en octubre de 2018), lo que implicó un cambio negativo y la instalación de conductas perversas en la vida de todos los integrantes del grupo familiar”, señalaron los magistrados.
Sobre este punto la fiscal Calarco coincide en que el papel que tuvo el hombre durante los cuatro meses de convivencia fue determinante para la muerte de Sofía. Sin embargo, no se olvidó de la responsabilidad que le atañe a Neira, la mamá de víctima, quien fue partícipe necesaria para que todo ocurriera. “No es que la mamá fuera víctima de su pareja. De hecho no se comprobó la violencia de género. Ella, en realidad, fue igualmente violenta, sólo que es como si hubiese sido un poco menos mala que él”, graficó la fiscal.
Para ejemplificar sus dichos, la funcionaria recordó algunos de los bestiales episodios que dan cuenta de lo que se vivía adentro de la casa de Sofía, ubicada en la pequeña localidad de Lamarque. “Lo que le hacía González a la nena y a su hermana es casi indescriptible. Por ejemplo, cuando alguna se hacía pis, la dejaba mojada y parada toda la noche en el baño. Sin dormir. Imaginemos, si es posible, a una nena de tres años sólo con su ropa interior en una ducha. Cuando él no estaba y las quería castigar, le decía a la mamá: 'dejala sin dormir, que esa hija de puta no coma. La mamá lo hacía y cuando a veces el hombre no estaba, ella daba por finalizado el castigo”, relató la fiscal.
En un diálogo previo que mantuvo con este medio, cuando se conoció en junio la condena contra Neira, la fiscal Calarco dio cuenta del infierno sufrido por la nena. La hicieron pasar hambre, frío y la hicieron dormir parada. Le cortaron el pelo y en algunas partes la dejaron pelada. Pero ahora, en esta oportunidad, la funcionaria recordó que fueron muchas más las lesiones y los mecanismos de castigo contra la nena, aunque lo que más la sorprendió, es que ocurrieron entre octubre de 2018 y enero de 2019.
“Es impresionante el deterioro de la nena y en sólo cuatro meses. Observamos fotos de antes de la llegada de González a la casa y Sofía era una nena hermosa, con una linda piel, con su pelo largo. Después fue brutal. Tenía agujeros en la cabeza, el pelo arrancado y lesiones por todo el cuerpo. Le pegaba con una manguera en la cara. Recuerdo otra vez cuando quisieron arrancarle la oreja. No una si no varias veces. Es algo que nunca vi”, describió con dureza.

La violencia intrínseca de González y su vicitimización en el juicio
La fiscal Calarco contó que a pesar de que se comprobó todo lo que le hicieron a la menor durante esos meses, el padrastro jamás admitió su culpabilidad. De hecho se mostró desafiante durante el debate y hasta llegó a decir que fue él la víctima de la justicia al acusarlo del crimen de Sofía.
“Se trata de una persona completamente llena de violencia. La lleva en su interior. Fue violento en el juicio, agredió a su propia familia cuando quisieron rescatar a la menor de los maltratos. Fue contra los vecinos, que escuchaban los gritos de la nena y su hermana y quisieron intervenir”, dijo.
Es como si González tuviese naturalizada la violencia, según explicó la funcionaria. Para el padrastro eran normales las situaciones de ese estilo. En ese sentido, Calarco recordó una frase expresada por González durante el juicio que quedó en su memoria. “Decía que a la hora de comer se comía y que era sagrado. Que si se tenía que pegar se pegaba para que se quedaran sentados todos. Era estricto. Claramente es una persona que tiene tergiversada la prioridad de las cosas", relató.
No fue lo único, el aislamiento impuesto a todo el grupo familiar, profundizó la imposibilidad de que terceras personas o familiares pudieran acudir en ayuda de la niña. “Y además este hombre aconsejaba y no intervenía en la curación de las lesiones sufridas por la víctima luego de realizárselas, no la llevaba a un control médico”, señaló.
Los maltratos y tormentos a Sofía investigados en el expediente sobre su asesinato, según calcula la Justicia, ocurrieron entre octubre de 2018 y enero de 2019. Sin embargo, comenzaron mucho antes. La fiscal obtuvo como prueba una resolución de la jueza de paz de Lamarque dictada el 16 de octubre, en la que les había ordenado a ambos “la prohibición de realizar actos violentos o cualquier otra violación de los derechos de los niños y niñas”. Es decir, la justicia ya sabía que Sofía no estaba protegida.
“Con esto es lo único en lo que González admitió algo de culpabilidad. Dijo que “desobedeció a la jueza” porque supuestamente le aplicó correctivos. Para él lo que le hizo fueron correctivos, aunque sólo los cometía contra Sofía y contra su hermana. En cambio, con el hermanito se portaba muy bien. Lo adoraba pese a no ser su hijo. Sólo maltrataba a las nenas”, agregó.
Otro dato aportado por la funcionaria sobre González es que se trata de una persona instruida, que tenía un empleo formal- trabajaba para una empresa de riego- que siempre fue consciente de lo que hizo. De hecho, así lo reseñaron los jueces en su fallo condenatorio. “Es un hombre que tiene las herramientas necesarias para valorar lo disvalioso de su conducta, presenta una personalidad agresiva y violenta y mantuvo una clara actitud de indiferencia ante los médicos que le informaron la gravedad irreversible que presentaba la niña cuando fue internada”, precisaron los jueces.
Calarco, al respecto, fue más allá y recordó que González es un hombre que no consume ni drogas ni alcohol, lo cual habría explicado teóricamente alguna actitud violenta. “Es un hombre que lleva la violencia en la sangre. De hecho tiene una denuncia de su propia hermana por violento. Tiene prohibido acercarse a ella”, añadió.

Dos caminos distintos
Sofía murió el 1 de febrero de 2019. Fue ingresada a un hospital de la localidad de Lamarque por un fuerte dolor abdominal pero debido a la gravedad del cuadro, fue llevada inmediatamente al sanatorio Juan XXIII de la ciudad de General Roca, a más de 200 kilómetros, donde los médicos descubrieron que la menor padecía una severa peritonitis.
A partir de ahí y las observaciones de los especialistas, se dieron cuenta de que no era una simple enfermedad. Esa patología fue ocasionada por los golpes de Neira y González. Intervino la justicia en la investigación y casi dos años después del comienzo del horror de Sofía, sus padres deberán estar casi el resto de sus vidas en una cárcel.
La diferencia entre ambos es que la mujer acortó los tiempos, reconoció todo e hizo un arreglo con la justicia. De hecho su defensa desistió de avanzar porque la cantidad de pruebas era abrumadora. Cuando finalmente habló luego de aceptar el juicio abreviado y la responsabilidad, fue casi nada lo que dijo. Le preguntaron por qué reconocía lo que había hecho sin mayores objeciones y contestó: “Tengo que sanar”.
González, en cambio, negó su participación. Su estrategia judicial fue esperar al juicio oral y demostrar su inocencia. No lo consiguió y fue condenado a 31 años de cárcel. Su próximo paso será apelar ante el Tribunal de Impugnación, por lo que el fallo no está firme. Por ahora seguirá detenido en el Establecimiento de Ejecución Penal N° 1 de Viedma.

Fuente: /Infobae
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