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Es argentino, inventó el cosito de la pizza y asegura que no logró ganar dinero

“Cuando voy y digo que lo inventé yo, me miran como si estuviese loco”, dice el hombre, mientras lanza verdades agitando un sobrecito de edulcorante y prepara con su otra mano la cuchara con la que integrará el contenido a su cortado en jarrito.

A Claudio Troglia, comerciante desde siempre y actualmente dueño de una pizzería en Belgrano, nadie lo para por la calle para pedirle una foto. Lo reconocen antiguos clientes y viejos amigos. Goza de una fama anónima, la del reconocimiento de los pocos que saben que hace mucho tiempo creó “el cosito de la pizza”, un ícono de las comidas argentinas.

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“El verdadero nombre es SEPI (separador de pizzas). Es un producto que inventé el 28 de febrero de 1974 para que la tapa de la caja no se apoye sobre la muzzarella. En esos años no existía el delivery, entonces ibas a buscar la pizza y la gente, por descuido o porque caminaba con la pizza, siempre terminaba aplastando la tapa”, contó Troglia a TN.

Su matriz fue patentada ese mismo día en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). Los archivos certifican la validez de un registro que Troglia decidió no renovar en 1979. “A los cinco años tenías que renovarlo o pasaba a hacer de dominio público. No lo hice porque lo fabricaban por todos lados. Me robaron la idea”, contó.

Escarbadientes contra el paladar y una promesa a su padre

Su creación surgió a partir de una promesa que le realizó a su papá una noche en Villa Crespo: “Colocaban escarbadientes para separar una caja de otra. Pero pasaba que empezabas a comer la pizza y los encontrabas en la muzzarella. Era poco higiénico. Entonces le dije a mi viejo, mientras comíamos una pizza, que iba a inventar algo para que eso no pasara más”.

Troglia buscó un especialista y diseñó él mismo un accesorio que debía adaptarse al tamaño de las cajas y a la vez no generar un sobrepeso a la hora del traslado de las pizzas.

“Lo hice con un matricero de San Isidro, pero no se respetó ni la marca ni el derecho de autor. Pesaba exactamente un gramo y era de poliuretano. Había sacado la cuenta y se vendían alrededor de un millón de pizzas entre todo Buenos Aires. Así que fabricábamos eso por mes. Las vendíamos en bolsas de 1000″, recordó Troglia.

Su éxito duró un año y medio. Troglia desistió de continuar con el negocio cuando comprobó que los fabricantes de las cajas también ofrecían los separadores de pizzas. “Estaba patentada, pero bueno. Tenía que hacerle juicio a 300 personas. Era imposible”, dijo.

El éxito del producto fue tal que en 1985 fue patentado en Estados Unidos por una mujer: Carmela Vitale. “Lo registró con el mismo diseño industrial, las mismas medidas y todo. No pude hacer nada con eso tampoco. Tendría que buscar a un abogado en Estados Unidos y hacerle juicio allá”, explicó el comerciante.

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