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Después de 141 años, volverá a tierra neuquina los restos del cacique Calfucurá

Llega un nuevo 12 de Octubre. Y las luchas y resistencias indígenas persisten. Al genocidio ocurrido en estos cinco siglos se le suma el simbólico. Sus historias permanecen invisibilizadas en la historia argentina, y los efectos llegan hasta la presencia de cuerpos indígenas en museos, como reliquias. El caso paradigmático es el de Calfucurá, cuyo cráneo permanece aún en el Museo de La Plata. Según las autoridades, en junio del año próximo podría ser restituido, algo que ya lograron con más de cien personas desde 2010.
“Queremos la paz, que nada sacamos en que nos estemos matando unos a otros (...) es mejor vivir como hermanos de una misma tierra que somos", le escribió Juan Calfucurá a Sarmiento el 30 de enero de 1873, reflejando dotes que destacan quienes lo estudian: el poder de diálogo, negociación y su conocimiento del contexto. Menos de seis meses después, la noche del 3 de junio, falleció. Lo enterraron en el paraje Chillihué, en La Pampa, en una gran ceremonia de la que participaron jefes de toda la región, teniendo en cuenta que su influencia iba desde la zona entrecordillerana (fue hijo del célebre cacique Huentecurá, que cooperó con San Martín en el cruce de los Andes) hasta la provincia de Buenos Aires y las Salinas Grandes, en un liderazgo que duró más de cuatro décadas, negociando permanentemente con las autoridades de la nación criolla, como Mitre, Urquiza y Rosas, con quien pactó acuerdos comerciales.
Seis años después, con la mal llamada Conquista del Desierto, su tumba fue profanada. El teniente coronel Nicolás Levalle robó su cráneo y se lo entregó a Estanislao Ceballos, que a su vez se lo "obsequió" al perito Francisco Moreno, fundador del Museo de La Plata, supuestamente para ser medido y comparado con otros 5000 similares, todos exhibidos en la muestra "cráneos araucanos". Hasta los años '40 se exhibió al público.
"Prisionero de la Ciencia", lo llama el antropólogo Fernando Miguel Pepe, coordinador del Programa Nacional de Identificación y Restitución de Restos Humanos Indígenas del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), quien desde 2014 viene trabajando en su restitución: "Es muy complejo, porque hay muchas comunidades y organizaciones reclamantes. Se acordó por unanimidad que va a ser restituido al Lof de San Ignacio, de Neuquén, donde ya se encuentran los restos de su hijo, Manuel Namuncurá, y su nieto, Ceferino Namuncurá, el beato, pero aún las comunidades están discutiendo dónde lo enterrarán, si ahí o en Chillihué".
A pedido de la comunidad mapuche Newen Lelfün Mapu de La Pampa, se creó el 1 de septiembre la “Comisión Kallfükura”, conformada por militantes, investigadores y artistas con semejanzas a la Comisión Piedra Azul, que organiza junto al INAI el conversatorio “La Ruta del Toki Calfucurá: hacia una reparación histórica”.
Historia
Calfucurá murió el 3 de junio de 1873, siendo sucedido por su hijo Manuel Namuncurá aunque estuvo a punto de producirse una guerra civil dentro de su tribu por la sucesión. Manuel tuvo que enfrentar a su hermano primogénito, considerado el legítimo heredero, José Millaquecurá (piedra que es parecida al oro), y a otro hermano, Bernardo Namuncurá, este último apoyado por sus parientes, caciques Carupancurá (piedra verde del revés o de la espalda), Melicurá (cuatro piedras) y Carumanqueucurá (piedra del cóndor verde), y por su hermano mayor, José Morales Catricurá (piedra partida, dividida).
Manuel era apoyado por su hermano menor, Álvaro Reumaycurá (duro como piedra), también llamado Albarito o Alvarito Rumay, que durante el gran parlamento realizado para decidir quién sería el nuevo jefe se mantuvo cerca con centenares de lanzas. Por esto se organizó un triunvirato formado por Manuel, Bernardo y Álvaro, aunque para 1875 el primero había desplazado a los otros dos y era el líder único de la tribu. Catricurá se sometió a su hermano posteriormente mientras que Millaquecurá murió en combate en 1879.
Desde la Comisión Kallfükura aspiran a que la restitución incluya acciones para "cuestionar discursos y prácticas negacionistas, etnocentristas y estigmatizadoras, en un marco político y pragmático más amplio, contribuir al fortalecimiento de la memoria colectiva indígena y reivindicar la figura de Kallfükura, líder político y espiritual que logró articular posiciones diferentes y alcanzar consensos a nivel regional", a través de futuras charlas de difusión, actividades artísticas o materiales didácticos. Y enfatizan en que se debe evitar que "las políticas patrimonializantes conviertan espacios significativos para los pueblos indígenas en sitios o hitos turísticos abiertos al público, manejados por instituciones estatales o por privados".
Coinciden en que el área dispuesta para el reentierro del Toki Kallfükura deberá ser cogestionada por las comunidades indígenas en función de sus acuerdos internos.
"La figura de Calfucurá aún espera el reconocimiento de su papel en nuestra historia", remarca la historiadora de la Universidad de Quilmes Silvia Mabel Ratto, integrante de la comisión, que tiene entre sus novedades la presencia de artistas.

Fuente: tiempoar
Cacique Cafulcurá

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