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Actualidad

Carta Abierta del obispo Fernando Croxatto y las pastorales diocesanas

Al cumplir hoy los 60 años de la creación de nuestra Diócesis, las pastorales diocesanas que transitamos este suelo de la mano de nuestros pastores y que somos parte de la realidad cercana de nuestro pueblo, queremos compartir la necesidad de una mirada actual que permita reconocernos en nuestra historia con memoria agradecida y propicie a su vez los acercamientos necesarios para abordar este tiempo que estamos viviendo.
Vemos que la conflictividad social actual impone un malestar cada vez más inquietante que, luego de un año de pandemia, nos habla de una realidad provincial y nacional muy preocupante y nos llama a involucrarnos, señalando las situaciones injustas que nos reclaman a todos.
La salud pública: un sector que ha sido sometido a esfuerzos sobrehumanos en el contexto de pandemia vivido y que se vive aún, con escasez de recursos materiales y salarios injustos que imponen la migración del recurso humano hacia el sector privado con el consiguiente resentimiento del servicio de salud al que busca acceder la ciudadanía en general y en especial los sectores más vulnerables, atento al carácter gratuito que detenta.
Hoy vemos al personal de salud autoconvocados en las calles, reclamando un diálogo que no encuentra eco en quienes tienen el deber de dialogar para construir una solución.
Grupos de familias de los asentamientos y su reclamo habitacional. Cada vez son más las que padecen la miseria de no tener un techo y se posicionan por condiciones más dignas de vida.
Los trabajadores de Cerámica Neuquén y su pedido de intervención del Estado, ante el inminente remate judicial de lo que hoy es fuente de trabajo y sostén de familias.
La problemática de los edificios escolares, la falta de personal e insumos para cumplir con los protocolos. Los miles de chicos y chicas que nunca llegaron a escolarizarse durante la pandemia y hoy requieren de aprendizajes mejores que recuperen los conocimientos perdidos. La falta de conectividad en el interior, el no funcionamiento adecuado de los albergues rurales.
La desocupación e incertidumbre en aumento en las distintas áreas de trabajo, producto de la crisis económica sostenida que atraviesa todo el arco productivo y que repercute directamente en el entramado social.
La falta de acciones concretas por parte del Estado en el cuidado del medio ambiente, mostrando un manifiesto desinterés por el cuidado de la casa común. La degradación del monte neuquino por la falta de controles en la actividad petrolera, la presión y el avance del mercado inmobiliario sobre los ecosistemas ribereños y, últimamente, la exclusión de la sociedad civil del comité de alerta hídrico ambiental son una muestra de la falta de comunión con nuestra tierra. No podemos olvidar que la tierra «nos precede y nos ha sido dada» (LS.67), ha sido dada por Dios «a toda la humanidad». Y por tanto, nuestro deber es hacer que sus frutos lleguen a todos, no sólo a algunos.
El aumento del costo de vida. La alarmante suba del precio de los alquileres, sumado al costo de los precios de la canasta básica, complican la situación de cada vez más familias y provocan, como dijimos, la toma de tierras. El aumento de los combustibles, teniendo presente el interior de la provincia, las grandes distancias, la migración interna por la falta de trabajo en las zonas rurales hacia la capital, con la consiguiente separación de las familias, aumentan la población en crisis.
La gravedad de estas y otras situaciones, la escalada de conflictos manifestada en cortes de puentes y rutas que nadie desconoce, no pueden dejar de señalarse para advertir la gravedad de las consecuencias, si no se toman y ejecutan las decisiones con responsabilidad, verdad, transparencia, voluntad real de diálogo, con justicia y por qué no decir, con prontitud.
Todos somos Estado y Nación, sin embargo, los responsables primeros y últimos de garantizar el cumplimiento de todos los derechos son quienes gobiernan.
Observamos con preocupación en muchos conflictos, la dilación de promesas realizadas en los distintos ámbitos y, más grave aún, el incumplimiento de acuerdos que con mucho esfuerzo han sido promovidos y acompañados con distintos actores de la sociedad civil. ¿Será esta una estrategia de gobierno? Nos cuesta aceptar que pueda ser así.
Nuestra mayor preocupación: las carencias y necesidades que viven miles de neuquinos y neuquinas de todas las edades, sin que exista una respuesta de las autoridades que esté a la altura de esta dramática coyuntura que exige ser atendida, en busca de la dignidad de toda persona humana y donde parece primar ‘el poder’ detrás de las posturas y no el bien común del pueblo y de los más necesitados.
Según la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos de la Provincia del Neuquén, el 40,4% de las personas son pobres, (como el 32,1% de los hogares) y hay un 12,3% de indigentes (el 8,2% de los hogares). Son números que reflejan que algo en las políticas públicas no está respondiendo para brindar bienestar a su pueblo, y nos aleja de ese reino de justicia, equidad, paz y amor al que nos desafía el Evangelio de Cristo.
El empeño por el bien común requiere de convicciones y sacrificios personales, comunitarios y sobre todo de aquellos que detentan la posibilidad, los medios, los recursos y las estructuras para encontrar soluciones reales y no un maquillaje electoral que solo genera más clientelismo y enfrentamientos.
Urgidos por este clima social explosivo, es que solicitamos a las autoridades provinciales que abran todos los espacios de diálogo necesarios para que la solución a los conflictos pueda ser encontrada en forma consensuada, pacífica, razonable, justa y duradera.
Como nos señala el Papa Francisco, “muchas veces es muy necesario negociar y así desarrollar cauces concretos para la paz. Pero los procesos efectivos de una paz duradera son ante todo transformaciones artesanales obradas por los pueblos, donde cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Las grandes transformaciones no son fabricadas en escritorios o despachos. Entonces «cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación». (FT 231)
Y en un tiempo de pandemia y de ‘segunda ola’, ayudémonos a sostener la esperanza: “Invito a la esperanza −dice Francisco− que «nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. […]La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna». Caminemos en esperanza”. (FT.55)
Fernando M. Croxatto
Obispo de Neuquén
Pastoral Social; Pastoral Aborigen; Pastoral de Animación Diocesana; Pastoral de Catequesis; Pastoral de la Caridad, CARITAS Diocesana; Pastoral Carcelaria; Pastoral de Comunicación; Pastoral Económica; Pastoral de Educación Católica; Pastoral de Juventud; Pastoral de Migraciones; Pastoral de las Misiones; Pastoral Rural; Pastoral de la Salud y Pastoral Vocacional.

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