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A 10 años del asesinato del policía José Aigo

Neuquén.- Se cumplen hoy diez años del asesinato del policía José Aigo en la Cuesta de Pilo Lil y el gobierno neuquino mantiene la búsqueda para la captura de Alexis Alfredo Cortés Torres y Jorge Antonio Salazar Oporto, prófugos de la Justicia por el hecho.

El gobierno renovó una recompensa de 50.000 dólares a quienes brinden "datos útiles, ciertos, veraces, comprobables y determinantes que permitan la captura de los prófugos por el asesinato".

La ley 26.538 creó el Fondo Permanente de Recompensas destinado a quienes aporten datos que permitan resolver causas de delitos complejos, dar con el paradero de quienes hayan sido autores, coautores, encubridores y partícipes necesarios, de hechos vinculados con delito de homicidio, entre otros.

El marco legal brinda confidencialidad para quienes aporten datos sobre los prófugos.

La carátula del expediente Nº 28753/12 se tramita en el Juzgado de Instrucción en lo Criminal y Correccional de la IV Circunscripción de Junín de los Andes. El juez interviniente ordenó entonces la captura internacional y detención de Jorge Antonio Salazar Oporto y Alexis Alfredo Cortés Torres.

LA GÉNESIS DEL “CASO AIGO”

José Aigo (39) cruzaba a bordo de una camioneta policial Ford Ranger el campo argentino por la ruta 23. Lo acompañaba Pedro Guerrero, subcomisario. Estaban a 50 kilómetros de Junín de los Andes, pasando por el paraje Pilo Lil, cuando divisaron una camioneta Mitsubishi L 200.

La hicieron parar. Los efectivos presumían que se trataba de cazadores furtivos. Aigo hizo bajar a sus tres ocupantes, mientras comenzó a revisar acuciosamente el vehículo. En un momento dado, el sargento se dio cuenta de que portaban armas de alto calibre. Además, no lucían como los cazadores que solían pesquisar, según comentó Guerrero posteriormente. No llevaban la tenida adecuada para esa actividad.

Luego de que Aigo les pidió los documentos, insinuó que iban a tener que ir a declarar a la comisaría. Es así donde comenzó la tragedia: Aigo se agachó en el asiento del copiloto para revisarlo con una linterna. Fue ahí cuando uno de los pesquisados le disparó por la espalda tres veces.

Se abrió un fuego cruzado, tras lo cual Pedro Guerrero subió a su compañero herido a la patrulla y enfiló hacia San Martín de los Andes. Aigo murió minutos después en el hospital. Guerrero no fue herido. Todo esto, según la versión que ha recopilado tanto la policía como la fiscalía a través de los años.

Las primeras pericias dieron con un pasaporte de un chileno entre los bienes que los perpetradores dejaron atrás: Alexis Alfredo Cortés Torres, “que registra, además, viajes por Colombia, Venezuela y Bolivia”, señaló El Mercurio en marzo del 2012. Posteriormente se vinculó a Cortés Torres al Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

En tanto, luego se reveló que quien ultimó a Aigo fue Jorge Antonio Salazar Oporto, vinculado al MIR- EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres). Estaba prófugo de la justicia chilena desde 1997, año en que hirió a un carabinero en un enfrentamiento en Lontué, región del Maule.

Un reporte de inteligencia entregado al ministerio de Interior chileno afilia a Salazar Oporto “con grupos subversivos de la región, entre otros Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN), el PRT y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA, de Perú)”, según publicó La Tercera en marzo del 2012.

Junto a esto, el mismo reporte lo describió como “un sujeto peligroso que circula clandestino con documentos falsos y armado”.

En el asiento del piloto iba Juan Marcos Fernández, hijo del intendente (el símil del alcalde en Chile) de ese entonces de San Martín de los Andes, Juan Carlos Fernández. Este último era miembro del Frente para la Victoria, el partido oficialista de entonces, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Salazar Oporto y Cortés Torres lograron escapar, se supo tiempo después, a Chile a través de un paso fronterizo clandestino. En tanto, el chofer de la camioneta, Juan Marcos Fernández, fue detenido.

En un comunicado que se publicó meses después se atribuyeron el crimen, eximieron de toda responsabilidad a Juan Marcos Fernández, aseguraron que el enfrentamiento no fue planificado y que ya estaban “a salvo”. “Fue una odisea y a la vez un verdadero viaje místico por nuestro Wallmapu”, relataron.

Con esto, se vinculó el asesinato también a la causa guerrillera que ha intentado levantar en varias oportunidades los denominados mapuche argentinos, que habitan en la zona sur del país vecino.

Conmemoración

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